Amor al primer enjuague

Ni un hotel cinco estrellas, ni un piso rentado del barrio más chic.
Cuando viajo donde realmente me siento cómodo es en una lavandería.
La espuma me calma, el ruido constante de los motores me acuna.
Entre la ropa girando, ahí estoy.

Por supuesto es una obsesión. Pero no me molesta. La practico.

Hoy visité Júpiter. Esta lavandería es la muerte definitiva de la mugre. La consagración de mi tara.
Si dan ganas de venir a rezar. Laverrap a la catalana.
Freud ya sabe donde colgar sus calcetines.

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