Transaminasas

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De una cama a la otra nos pasábamos la botella.
Dos inútiles compartiendo el veneno.
Dos esclavas.

Discutiendo sobre Evita Perón, podíamos pasarnos horas.

Recuerdo que llegué a cortarme un dedo,
tras una acalorada discusión
sobre el color de un pullover escote en V
que utilizó su madre en un viaje a Suiza.

No hallé modo mejor para demostrarle mi convicción,
que no era «verde con pompones» como ella decía,
que troncharme contra el pecho al Don Perignon.

El anillo de cristal rajó la cabeza,
y mi dedo amputó el resto.

La sangre salía a borbotones, y mientras la enfermera gritaba,
yo insistía: «Violetas con rombos amarillos, ¿me oyes?»