Cuarentena

No lo padezco. Incluso lo disfruto. El encierro no es una dificultad para mí. Al menos el que elijo, claro. Cuando viajo, durante largas jornadas me quedo adentro. Cuestión de gustos. Deformación profesional, tal vez. En mi trabajo estoy en contacto con mucha gente. A veces demasiada. Por lo que practicar mi ermitaño, me relaja. Me inspira. Pero ahora que acovachados estamos todos, y en estas circunstancias, la tendencia es ocuparse. Ocuparnos. ¿Distraernos? Personalmente tengo entre manos algunas alegrías literarias por delante. Terminar de redondear algunas, y arrancar con otras. Soy juguetón. Hace años renuncié a la clasificación de artista. Yo hago juguetes. En forma de fotos, en forma de textos, en forma de páginas web. Pero son eso: mis chiches. Durante esta cuarentena pondré énfasis en el pudor. Sí, ante la paradoja de la exposición más que la vanidad, siempre logra ganarme la vergüenza. Y eso también es raro. Tal vez en estos días aprenda, y pueda hacer mío por fin al equilibrio. Iré fotografiando mi rutina en 44 metros cuadrados. A ver quién gana.