1992

1992: La peste

Durante una noche de invierno de 1992 participé en el rodaje de La peste.

El guión se basaba en la novela de Albert Camus, la Producción era mixta entre Argentina, Francia e Inglaterra, y tenía de protagonistas a tres estrellas de Hollywood: William Hurt, Robert Duvall y Raúl Julia.

El elenco se completaba con buenos intérpretes locales: China Zorrilla, Lautaro Murúa, Duilio Marzio, Norman Briski, Verónica Llinás y hasta Jorge Luz hacía un papelito. Era un acontecimiento, todos queríamos participar.

La Dirección fue Luis Puenzo, que en el ’86 había ganado un Oscar por La historia oficial, por lo que en ese momento, su carrera le permitía desplegar semejante Producción.

En aquella época estaba casado con Silvia, y como ella conocía al hijo de Puenzo que oficiaba de Asistente de Dirección, nos salió el laburito. Nos pagaban una guitita que nos venía muy bien, porque éramos muy pobres. Así que allí fuimos hasta La Boca en un doble debut cinematográfico como Extras clasificados.

La diferencia entre Extra, y Extra clasificado (con E mayúscula, ojo) existía porque Puenzo quería que el pueblo bramara al liberar a los apestados que habían estado confinados durante La Peste en el Estadio de Fútbol.

Entonces, entre la muchedumbre soltó a estudiantes de teatro para que motiváramos a los otros en las protestas contra la Policía. Temía, que no fueran lo suficientemente eufóricos, y se le cayera la escena. O al menos el telón de fondo.

Así que esa noche teníamos además una misión. Una razón «artística». Estábamos chochos.

En medio de la alegría, sucedieron algunos episodios extravagantes.

Primero el Vestuario
Al llegar, nos pusieron a Silvia y a mí en dos largas filas. Como avanzaban casi en paralelo, íbamos mirando cómplices.

Al ir acercándonos a ser atendidos, notamos que las encargadas del Vestuario iban despeinando, manchándoles las caras, superponiéndoles prendas andrajosas a quienes iban delante nuestro.

Al llegar mi turno, la mujer me miró y le dijo a su compañera: «Él está bien», y gritó: «¡Siguiente!».
Salí de la fila orgulloso, encantado con la primera aprobación.

Cuando me reencontré con Silvia, comparamos notas. Y a los dos nos habían aprobados. La felicidad nos inundaba.

Reconozco que tardamos en darnos cuenta lo sucedido. Nuestras ropas daban pobre en cámaras sin necesidad de retocarlas. Le facilitamos el trabajo a las chicas de Vestuario, ¡pero porque éramos pobres de verdad!

«Damos apestados, Silvia», le dije. Y nos cagamos de risa.

 

ROBERT DUVALL

 

El protagonista

La escena estaba protagonizada por Robert Duvall, que iba al encuentro de la chica que sería liberada.

En mi picardía, sabía que para ligar un plano debía pararme cerca de Duvall. Y eso hice. La toma se repitió varias veces. Entre la multitud enfervorizada, él debía avanzar hasta una reja.

Cuando gritaron: «¡Acción!», me puse a saltar como un energúmeno. Y con tan mala suerte, que en uno de los brincos motivadores, pisé con toda mi contundencia al pobre Duvall, que lanzó un gemido doloroso y llegó renguendo a la reja.

Hermoso.

LA BOMBONERA

 

OTROS INTÉRPRETES

Entre los «clasificados» estaban Alfredo Casero, que por ese entonces era tan ignoto como nosotros. Y también se lo puede ver por ahí a Javier Lorenzo.

 

LA BOCA

Desayuno en Tiffany’s 

Cuando terminó escena en la Entrada del Estadio, Puenzo nos dijo por el megáfono: «Queda una toma más. Van a tener que caminar de espaldas a la cámara. Les pido que no se den vuelta, porque arruinan el plano. Si sale bien a la Primera, les damos un rico de desayuno«.

Había empezado a clarear, estábamos bastante cansados y con frío en los huesos, pero tomamos muy profesionales la consigna, y agarraditos de la mano empezamos a caminar cuando gritaron «¡Acción!»

A medida que nos alejábamos, la posibilidad de oír al Asistente decir: «Corten», disminuía.

Al superar los 100 metros, con Silvia nos consultábamos si debíamos parar. Pero «no queremos arruinarle el plano a Puenzo». Así que seguimos. Y seguimos. Nuestro ego nos había hecho creer que la cámara nos había elegido, y no estábamos dispuestos a estropear semejante fortuna.

Caminamos tanto que llegamos a La Vuelta de Rocha.

En ese momento pasó el colectivo 53, y nos miramos. Si queríamos recibir el prometido desayuno debíamos regresar cuatro cuadras. El cansancio nos ganó, y sin pensarlo subimos al bondi que nos llevó a hasta la puerta de nuestro departamento en Caballito. Lo único que queríamos era bañarnos con agua caliente y meternos en la cama.

Belleza. Renunciamos a la vianda, aunque el morfi no sobrara.

 

ESTRENO

Fue en el Grand Splendid cuando todavía era un cine, y no una librería. Y obviamente si pestañeas no nos ves en la escena.

 

COVID

Por el Covid19, desde Marzo estamos todos en cuarentena. El texto de Camús adquirió una actualidad que estremece.

Esta semana que iniciamos la desescalada que permite a la gente salir gradualmente del confinamiento -aunque la vacuna aún no aparece y paradójicamente la cantidad de infectados / muertos asciende a cifras hasta ahora nunca alcanzadas en Argentina- encontré en Youtube una copia de la película de Puenzo.

La ficción continúa anticipando nuestros pasos, y los paralelismos se multiplican.

Estamos parados en el punto exacto donde ocurre la escena que aquella noche de frío rodamos todos. Inquieta pensar si lo que se viene, también será un reflejo de lo escrito por Camus.

Terminada la peste el pueblo de Orán, olvida rápido, se vuelve egoísta y autodestructivo.

Y las semejanzas no terminan allí.

Descubro que hoy, el Barrio de La Boca, se ha vuelto es un lugar de pertenencia. Fundación Proa aún no existía, pero allí fue donde tomamos el colectivo que nos trajo de regreso cuando renunciamos al desayuno.

El cine se ha vuelto Librería. En más de un aspecto.

 

ROBERT DUVAL / EDUARDO LERCHUNDI

Por intuición, por precaución y por generosidad Eduardo Lerchundi me donó su archivo.
Fue un artista extraordinario. Diseñó el Vestuario en más de 80 películas.

Casi 900 piezas conforman la colección, que durante el encierro obligatorio, terminé de clasificar y digitalizar.

Su retrato lidera la cabecera del sitio web que construí con el propósito de poner en valor su legado.

Robert Duvall para interpretar a su personaje debió caracterizarse, ya que Jospeh Grand era mucho mayor que el actor en ese momento. Eligió un corte de pelo y barba que es idéntico al que luce Lerchundi en su retrato.

 

LA PELÍCULA

A partir del 1:30:52