Texto

A mis amigos psicoanalistas y psicoanalizados: les pido ayuda. A denominar la situación. A estructurar mejor mi percepción

Si Macri con toda su fuerza quiere despegarse de Cristina. ¿No es por lo menos “sugestivo” que se “enamore” de otra mujer que lleva el mismo nombre?
Fernández vs. Lagarde.
Para salvar el país de lo que hizo Cristina, él busca a Christine para salvar el país de lo que hizo Macri? ¿Leo bien?

La Fernet es lo último que se pierde


La Fernet mueve montañas.
El ahorro es la base de la Fernet.
Al final, lo primero es la Fernet.
20.000 Fernets de viaje submarino.
Volver con la Fernet marchita.
La comezón del séptimo Fernet.
La Fernetcilla domada.
Fernet 451.
El dinero no hace la Fernet, pero calma los nervios.

La dolar está de fiesta (con inspirados aportes)

Berlín, 2017

Dólar don Pepito. Dólar, don José.
El Pato Dólar.
Dólar Rosita, la soltera.
Matar dos pájaros de un dólar.
Ni el dólar del final te va a salir.
El retrato de Dólar Gray.
Más dólar que las gallutas.
El pez por el dólar muere.
El dólar que me quieras.
Aunque el dólar se vista de seda.
El dólar metió la cola.
María Magdadólar
Las armas las carga el dólar.

Y los inspirados aportes de:
María Celia Aguilar: En esta foto parece que tuvieras un dólar de muela.
Paula Ambar Battagliano y María Cinta Rosello Labatut: Más vale dólar en mano, que cien volando.
Miquel Navarro: Por un Dólar que mate.
Luli Benítez Vargas: A dólar regalado no se le miran los dientes.
Paula Ambar Battagliano: Lo que el dólar se llevó.
Maite Gutierrez Merino: El que a dólar mata a dólar muere.
Maite Gutierrez Merino: Santísima Virgen de los Dólares ten Piedad de nosotros
Francisco José Caula: ¡Dólar, listos, ya!
Diego Gopen: Dolareee oh oh…
Laura Jaul: Doláre oh oh, cantáaare oh oh oh oh…..
Miquel Navarro: ¡Juro por este Dòlar que nunca mas pasare hambre!
Juanita Sánchez: Sólo sé, que el dolar sé”…. ¡fue a la mierda!
Ricardo Martínez Paz: No dólares por mí, Argentina!
Maite Gutierrez Merino: Caperucita roja y el Dólar feroz
Maite Gutierrez Merino: Humprey Dólar

Si así no lo hiciera, que el dólar y la dólar me lo demanden.

La salud de muertos hijos

Javier Bardem, NY

Dumbo es afinador de pianos.
Daisy fue nombrada empleada del mes en el Mc Donald de Constitución.
Y Pinocho puso una playa de estacionamiente.

Harta de requisitos, Cenicienta se ha vuelto zapatera.
Blancanieves vende frula en la 1-11-14.

Gasparín se pegó un palo con la moto y ya no está entre nosotros.

Paturuzú almuerza con Luciano Benetton.

Y San Martín reparte chanchos a domicilio.

Joan Miró

La foto no es mía.

La furgoneta se subió a la Rambla e hizo el desastre asqueroso que hizo, pero cuando llegó al mural de Miró, chocó contra una columna y se detuvo. No puedo no pensar en Miró. En su energía. En su freno. Seré ingenuo o romántico. Pero ahí está Miró “sosteniendo lo que amamos”, como me dijo mi amiga Delia Cancela.

Cantar hasta volverse invisible

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Guión cinematográfico, 2016

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Aquí no estoy (Versión libre de “Don´t fence me in” de Cole Porter)

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En mi boca el Diablo cocinó
la Biblia que Dios merendó,
cuando el infierno duerme en un sillón
niega Freud su camisón

La sombra engaña a su imán
en mi mano está el disfraz,
aquí no estoy

Junto a Alicia, la infiel,
el espejo atravesé
aquí no estoy

No hay suicidio en el sol
que apagarlo podría,
muerto el cazador
el oso se jubila,
nunca la mirada,
vendo la vitrina
aquí no estoy

No habrá timón que por un cuerpo de cristal
a mí me obligue a naufragar,
suelto el puñal con la astucia del milagro,
no me vengas a implorar

Claro que el dolor no será aliviado
muerdo la paleta, pero no el helado
Con el delincuente, nace su candado
aquí no estoy

II
En mi boca el Diablo cocinó
la Biblia que Dios merendó,
cuando el Infierno duerme en un sillón
niega Freud su camisón

Intenta el ciego ocupar de su jaula la mitad,
por soledad
El silencio será la navaja del rival
al gato aullar

¿De qué sirve golpear si tu cuerpo es un árbol?
subo a la cornisa, y con los pies de barro
libro el barrilete, pero no el pecado
aquí no estoy

Fue la distancia de tu anillo
que un camino amarillo despertó,
guardo la brújula del cuento
que este autor descuartizó

Crucé a Panamá, y aprendí cuando el mar no sueña
es primavera, y esta penitencia
ya no es esclava de mi periferia

Aquí estoy.

Adán y Pelvis

El océano ha sido siempre un gran voyeur
Los talones
Las nalgas
Las celulitis
Los tiburones nos espían
Muerden poetas

Encontrarse con Julio Verne mar adentro
Acariciando ballenas

A un rey se lo mide por los tentáculos,
y no por la prisa de sus espías

Quedarse varado en Santa Fe y Callado
No saber regresar a casa

No llueves por mí, Barracas

Poner los huevos en un sobre
La última en enterarse
El ser y la NASA

El océano ha sido siempre un gran voyeur
Los talones
Las nalgas
Las tesis, el té y la cititis
Los tiburones nos espían
Muerden polenta

Encontrarse con Julio Adentro
Acariciando variables

Al rey se Midas por sus tentáculos,
y no por la popas de sus empapes

Quedarse Verónica en Santa Fe y Varano
Yankees go casa

No llueves por mí, Baywatch

Poner los huevos en un coffin
La última en enterrarse
El ser y la panza

Ocultarse en las portadas de los diarios
Decapitar importancia

Batman y Roban
Un tren varado
La mugre de los testaferros

Un teléfono puede ser un dragón
Una llamarada en cualquier momento
la próxima llamada que no sea a los bombreros
¡Ya no se cómo calmarlos!

Arrancarse la cobardía de la dentadura
Aprender ajedrez sobre el tablero de Instagram
¡Qué me van a hablar de arroz!

Jugando al huevo podrido,
¿quién no hierve a un policía?

Globos
trecientos hilo por globo
Un poco de arena en cada uno
Colgarlos a ras del suelo

Suben y bajan
Patearlos
¿Qué llevan dentro?
La penitencia

La penitenciaría de Don Mateo

Mordete la lengua.
El teléfono puede ser un escondite
Un gato adentro
Quien llama a un dragón tiene 100 años de Japón
Edgar Allan Vogue
La diva del teléfono peronista
Las listas negras
Ojo por ojo, miente por miente

La panza de Perón
Los pezones del paredón

Felicidades, hoy Canal 9 les desea, Felicidades

La vejez no viene soda
La cabeza colmada de tinto,
de slogans
Slogan en el Siglo XXIII

El silencio contra el borde de la mesa
Un pase sagrado

Fideos al crochet
Guisos termonucleares
Pucheros cautivantes
Terciopelos bíblicos

Underpilleta, Tortonese y Batato para mí, Batato para todos.
El parkingcultural.

Un Chevrolet en cada cama
Cada uno con su cuchara, vota
El puré mixto es la Gran Constitución

Con Susana,
en la casa de Susana,
antes de que llegue Susana
y nos eche de sus sábanas.
Susábanas.

El epígrafe.
Un astronauta murmulla en mi sopa.
La perra Laica y el perrito Moreno.

Escuela libre, Lampas y gratuita.

La traición de Mirtha Legrand.
Pisando fuerte llegó.

Los Calabró, en la Avenida Colón de Mar del Plata.
Con los pelos volados
Avenida Calabrón

Vender ensaladas de frutas en la Facultad de Sociología.
Como si fuera Tailandia.
El lago di Como.
Leonardo Di Caprio.

Vender asado en una tira de Migré.

Pan de miga
Minguito Tinguitella
Hacerse unos manguitos
Margarina Gautier
Minguito TinDiTella
Marta Minuchic
¡Marta documento!
¡Marta documento!

Vender espejos en Lomas del Mirador
como si fueran adioses
Como si el cielo fuera una pata de pollo
De polio
Adiós, Polino
Policlínico de Lanús

El secreto de Perón
Espejo le cortó la cabeza a Fanny

Confundir una silla de madera con un helado
Veinte mil lenguas de viaje intrauterino

Soy Ana Dina,
Diminuta, tibia y albina.
El naufragio de mamá
A Evita la enterraron sin su loro capitán.
Pedro Ara
Aramburu
Burumbúm

María Arroza Gallo, nunca se pasa.
Teatro doble cero.

Un tranviado llamado Bolivia.
Los árboles mueren de piel.
El día que Medeas.

La rana de las camelias.
La travesti biónica.

El Freud por la cola muerde.
Blancarrota y los siete acreedores.

Adán y Beba. Ópera pocha.
Todos los rodetes conducen a Eva.

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El día que me mierdas. Dos.

Esos mierdas que empapan las paredes con sus llantos. Con sus perros colmados de caprichos. De caprichos, por haberse divorciado. Ruidos, para no aceptar el miedo.

Esas vacas, que sin miramientos invaden, con el sudor inútil de sus clases de aeróbics; que practican en el living para ahorrarse la cuota del gimnasio; que a todo volumen ponen el mismo enganchado de siempre, que el amigo gay de Ramos les grabó. Ése, con todas las canciones de nuestra época, Estelita.

Horribles, ellos, sus perros, sus cassettes, y esos pantalones nevados impresentables.

Todos esos vándalos ahora duermen, los turros. Ah, sí. Serán un excremento humano. Serán los coroneles del egoísmo, pero eso sí, el reloj marca las 12, apenas termina Tinelli, duermen. Los muy jodidos cumplen agenda.

Voy a salir por canal 7, para que Cristina Mucci los olvide, y el himno les empape los malvones. Y pasen al infierno tan dulce, tan justo. Quedarán divinos, no me digas.


El día que me mierdas. Uno.

No reconocerás a Shakespeare cuando compres peras en el mercado.

Convenceremos a Julio Cortázar que su único oficio ha sido siempre el de boxeador. Que le resulta intolerable el olor de la tinta. Que no lo despiertan los cuadernos, ni los discos de jazz. Y que, gracias a Dios, es ágrafo.

Samuel Beckett es una vieja que no hace más que rebanar y tostar panes.

No corro ningún riesgo. Manuel Puig jamás ha escrito ni jota. Ningún camino te traerá de regreso. Las bibliotecas gritan Game over, corazón.

Chirridos. La radio no trasmite más que gallos y vidrios estrellados. Ninguna melodía conseguirá recuperarte.

De cada esquina, he borrado las flechas que apuntan a mi puerta. Le he cruzado los ojos a La Virgen para que no pueda auxiliarte.

No tendrás paredes donde lloriquear. Porque no llevo hombros ahora. Me los he arrancado.

Tus falanges son de goma. No treparás nunca a mi balcón. Estoy blindado.

Cada reloj de esta casa ha muerto ahogado. Cada timbre confabula nuevas y estupendas sorderas. Cada divorcio de esta ciudad lleva tu nombre.

La sangre no es más que pasto. Y una helada, ha descuartizado a los insectos.

No podrás preguntar mi paradero. Te he vuelto indefinidamente extranjero.

He soltado a los mapas, y se han volado. Han llenado de crías a las palomas. Esas putas, las palomas, siempre la has perseguido. Ahora están embarazadas, dobladas en dos, que es el mejor modo de ignorarte.

Como ves, lo tengo resuelto.

El perro no deja de morderte. Las moscas: de insultarte. Toda la Mesopotamia se ha puesto de pie para maldecirte. El color es blanco, y tu única suerte: negra.

Los japoneses planean asesinarte a mandarinazos. Los delfines te sacan la lengua. No podrás escapar. Servir la cena, sin revolcarme en tu memoria. Prescindir de extrañarme.

Papito.

A partir de un sketch de Urdapilleta y Tortonese en el programa de Gasalla

Alma Bambú

Tan del Rojas,
de la fotocopia doble faz.
Una tarde entera viendo Fitzcarraldo.
Las alfombras con olor a meo en el quinto piso.

Alma Lugones

Tan desprovista.
Un tic en cada mano. Una tenaza.
A la noche un té con leche. Poco más. Una pavadita.

Tan del batón.
Llevar un tropezón con alguna editorial.
Un librito fallido, que nunca vio la letra de molde.

Tan alma palabra

Tía. Batallón de tía.
Nació en Adrogué pero se crió en Sarmiento y Libertad.
El novio marinero.
“Hoy día ya nadie te abandona en barco. Soy tan pretérita que me empaño”, dice y repite.

Alma querida

Come de pie, pizza-maxikiosko
Extraña la Teen, la Mountain Dew.
En Pippo las raciones eran abundantes.

Mataría hoy por comprarse unas botitas.
Pero hace años que la pobre ni para atrás ni para adelante.

Alma manubrio

Mateyko una vez la atropelló con el auto.
Ahí se compró el monoambiente.

Alma salada
Alma perdón

Nunca un balcón en Mar del Plata.
El marinero murió 200 años antes de conocerla.

Alma silencio.
No hay tobagán que no la suicide.

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Un poema y monólogo para “Compañía Contemporánea de Relinchos”

Etéreo sexual
volátiles de voile
De Santiago Vial

El vaudeville de tu vida
La mandarina de tu madrina

América stéreo
unplugged ñandutí
El piano no existe. Sólo nos queda morderles los talones a las corcheas.

El que bosque encuentra.
En un abril y cerrar de ojos.
Usted es un subversivo. Un calificativo indirecto. Objeto coordinante.

Una pala en cada living.
Detrás de todas las Elizabeths Taylors hay un solo Michael Jackson.
Nunca digerí tostadas.

Un entrepiso. Una entrepierna.
Margarito Tereré jamás usó vaqueros.

Tan de los flecos tu prima. En la estación.
Tan groncha, que los rayos de las bicicletas se doblaban.
Tu madre se agarraba la panza.
A la miseria dejó las begonias.
¿Para qué tenés un perro si no lo sabés atar?
El Galtieri jodió toda la noche.
Como ladra. Ni con la zapatilla logré.
Yo le pongo la tele, y se calma con Berugo.
Con el único que se calma.
Ese perro se adelantó de vida.
Es un profesor universitario.
Si yo le pongo un libro, me lo lee. Estoy segura.

Tengo laringitis, me dijo Pocha.
Su hermano estudió años.
Es el que nos colocó los cerramientos de los chicos.
La piecita del fondo. Prudente.
Yo le convidé el almuerzo. Un muchacho educado.
Laringitis, dijo.
Por teléfono.
3 pastillitas verdes.
Y la roja si llueve mucho. Por si salgo.
Y estoy mejor.
Las cejas mas finitas, sí.
No me las depilo. No se.
Se me arquean.
De tanto ver películas en blanco negro.
Que el lindo era el barrio.
Yo se los militares eran una mierda.
Pero el montogomery. Los pulloveres a mano.
La bufanda escocesa. Qué linda época.
Me hace acordar a los alfajores caseros que hacía mi suegro.
De higos. Él los plantaba en enero.
Lo curó al árbol. Porque se le retobaba.
No le daba frutos.
Entonces agarró al más chico.
“Fernandito, vení para acá.”
Venía de judo, el mío.
“Vení, abrazá al árbol y decile que te vas a casar con él.”
El mío no entendía nada. Pero le hizo caso.
No paró desde entonces.
Todos los años. Pero se le caen.
Dulces. En Pentecostés lo lleva al templo.
Yo le digo Savoy. Me hace acordar a una confitería cuando lo veo pasar.
Con la gorrita escocesa.
Qué linda época.

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Fotografías de Miguel Darío Sveda. Planta de papaya.

LOCA POR LA DACTILOGRAFÍA

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Loca por la dactilografía.
Pitman. Si hasta un Pittsburg se compró.
ASD todo el día.
Casi me la echan por discriminar a una compañerita.
En casa está prohibido ese nombre.
Se pone como una llamarada.
No se de dónde le viene tanta furia.
Endemoniada, me dijo el médico.
Porque con mi marido, la hicimos tratar.
Pero no hay modo. No entra en razón.
¿Y al fin y al cabo, a quién daña?
Un poco de carbónico.
¿A quién perjudica, me decís?
Ni la limonada me acepta.
Se puede estar cayendo el cielo.
Que ella. Tiquititaquititac.
Todo el día.
El abuelo dice que es su arrorró.
¡Pin! Odiaba ese ruidito.
Salto de renglón.
Peso sobre peso para comprarle la Commodore 64.
Y ahí está, muerta de risa, sobre el aparador.
Yo a veces paso, y la plumero delante de ella.
Usala vos, me dice.
Como si yo, qué.
Para qué la quiero.
Para anotar el fiado de Don Raúl.
Todo en la cabeza.
El mejor monedero de una ama de casa es saber cuantas milanesas freír.
Porque yo no soy de esas que amarretean.
Nadie se me levanta con hambre de esta mesa.
Pero tampoco estamos para andar desperdiciando.
Por más católicos que seamos.
No quiero el Papa-móvil en medio del living acusándome.
ASD
ASD
¿La oís?
Lo hace a propósito no quiere que hable de religión,
y menos por la tele.

Extracto de “Ya nadie besa a lo Manuel Puig”

No reconocerás a Shakespeare
ni cuando compres peras en el mercado.

Convenceremos a Julio Cortázar
que su único oficio ha sido el de boxeador.
Que le resulta intolerable el olor de la tinta.
Que no lo despiertan los cuadernos ni los discos de jazz.
Y que, gracias a Dios, es ágrafo.
Él velará nuestro complot.

Sí, sí. Samuel Beckett es a partir de hoy,
una vieja que no hace más que rebanar y tostar panes delante de tus ojos.

No corro ningún riesgo.
Manuel Puig jamás ha escrito ni jota.
Ningún camino te traerá de regreso.
Las bibliotecas gritan Game over, corazón.

Chirridos.
La radio no trasmite más que gallos y vidrios estrellados.
Ninguna melodía conseguirá recuperarte.

De cada esquina,
he borrado las flechas que apuntan a mi puerta.
Le he cruzado los ojos a la virgen, para que no pueda auxiliarte.

La sangre no es más que pasto.
Y una helada, ha descuartizado a los insectos.

No tendrás paredes donde lloriquear.
Porque no llevo hombros ahora. Me los he arrancado.

No podrás preguntar mi paradero.
Te he vuelto indefinidamente extranjero.

He soltado los mapas, y se han volado.
Han llenado de crías a las palomas.
Esas putas, las palomas, siempre la has perseguido.
Ahora están embarazadas,
dobladas en dos por su ignorancia,
que es el mejor modo de ignorarte.

Tus falanges son de goma espuma.
No treparás nunca a mi balcón.
Estoy blindado.

Cada reloj de esta casa ha muerto ahogado.
Cada timbre confabula nuevas y estupendas sorderas.
Cada divorcio de esta ciudad lleva tu nombre.

Como ves, lo tengo resuelto.
La libertad está imposible de entallar.

El perro no deja de morderte.
Las moscas: de insultarte.
Toda la Mesopotamia se ha puesto de pie para maldecirte.
El color es blanco, y tu única suerte: negra.

Los japoneses planean asesinarte a mandarinazos.
Los delfines te sacan la lengua.
No puedes escapar. Las esquirlas son de kriptonita.
Prescindir de extrañarme.
Papito.

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NADIE ESCAPA A SU BIOGRAFÍA Diego Kehrig
http://www.diegokehrig.com

DIDASCALIAS DEL TEATRO CAMINITO
http://www.didascaliasdelteatrocaminito.com

HISTORIA LUNA PARK
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NADIE ESCAPA A ELIZABETH TAYLOR
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LA MUERTE NO SE PARECE A NADIE
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PERROS GOLPEAN TELEFONOS
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YA NADIE BESA A LO MANUEL PUIG
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UNIVERSO G! Andrea Gaggioli
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Silencio

ciclo
La misma verdad 50 veces.
Hasta convencerme de que soy indefensa.
50, ¡qué paciencia!

Hasta sentir que la fidelidad me pudre los tacones.
Que me seca las madreselvas.
Que si no me puedo ir por las ramas, entonces para qué me compré los aretes.

Tuve qué plantarme con el turco.
¡Qué el par son dos! Que no voy a pagarte 50 cada uno.

Si hasta casi me tiro por la escalera para graficarle mi desolación.
¡50 los dos! Y él machacando.
Que no voy a ser Van Gogh para que les des de comer a tus críos.

50. 50 sale la mampara del baño, fíjate.
Podría decirle al Padre Ubarlizea, pero ¿para qué?
A esa festichola no me invitó nadie.
Así que más vale que empiece a hacerme las tostaditas,
porque sino acá no come nadie.

¿Cuántos dientes tenemos? ¿50?
Entre los que usamos al nacer, los otros, y estos de cicoplenato.
A mí me hizo precio. Porque fuimos a la misma Diócesis.
¡Qué berrinche me había agarrado!
¡Era!
No me lo podían sacar de la cabeza.
Hacía padrenuestros todo el día.
Rosarios, con hilo blanco de algodón.
40 muescas.
Pero le metía 50.