TEXTOS

1. YA DEVORÉ TODA LA RÚCULA

Ya devoré toda la rúcula.
Podría vivir en Puerto Madryn,
usar bisoñé,
asistir a tu estreno con la boca llena de reproches, azucenas…
Astillada de confianza.

Ya devoré toda la rúcula.
Podría vivir en Mar Chiquita,
alquilar un rebaño,
y hacer un si-te-he-visto-no-me-acuerdo.
Escupir la deuda,
y mandarme un-paga-Dios.
Un Tata Cedrón.

Las persianas son animales complicadísimos.
Conocen de álgebra,
padecen alergias, desplantes varios.
En fin: un maremágnum de calamidades al acostarse.

¿Cómo era? ¡Ah, sí!
Ya devoré toda la niebla
Podría vivir en Ruanda,
Nueva Zelanda
los Alpes Suízicos.

A las tres y media de la mañana cruzan por mi hogar
todo tipo de insectos infectos,
biceps de chofitol,
neurastenias dorsales.
No así, de meniscos. Que quede claro.

Tengo el corazón contento y la ernia de colesterol.
Pasame el liquid paper:
siempre me pareciste un varón.

2. POR UNA RELIGIÓN SIN ARRUGAS
(Una mujer halla a Cristo en la mancha de su plancha)

Dios me visita los martes
mirando la novela.
Aliso sábanas, manteles y cuanto pecado se asome.

Las camisas de Ernesto y el Santo Sepulcro bajo una misma prenda.
Overlockeada por la fé. Una bendecida del estampado, así voy por la vida.

Creyente desde la sisa al misal.
Ya es hora de enjuagar ángeles y colgar apóstoles en el cuartito del fondo.
Al Reino de los Cielos se lo visita de acrocel. En punta en blanco.
Dios escarba en los pespuntes.

“Porque no hay cosa que odie más que una plancha atea.”